Mujer y VIH

Aún siendo las mujeres un colectivo de especial interés en la epidemia, no se tienen datos actualizados de cuáles son sus necesidades desde una perspectiva de género. Conocer mejor las realidades con la que vivimos las mujeres seropositivas, de nuestras necesidades y limitaciones, así como analizar el contexto sociosanitario en el que nos vemos envueltas y en el que somos tratadas, puede facilitarnos la puesta en marcha de acciones, actuaciones y estrategias que repercutan positivamente en nuestra calidad de vida y en nuestro bienestar global.

En España casi el 30% de las nuevas infecciones afectan a mujeres, básicamente por transmisión sexual. La mujer es hoy la principal víctima del VIH/SIDA, pese a lo cual sufre una clara discriminación en muchos aspectos del manejo y tratamiento de la epidemia, como denuncian los colectivos femeninos implicados en la lucha contra el VIH y reconocen los expertos. Este trato discriminatorio es una práctica permanente, por ejemplo, en los estudios clínicos que ensayan nuevos fármacos o la mejora de los actuales: de los pacientes incluidos en la mayoría de ellos, sólo el 20% pertenecen al género femenino. Por otra parte, no se han realizados estudios que analicen diferencias específicas de género en relación con la eficacia o toxicidad de los fármacos.

En la actualidad las mujeres con VIH representan más de la mitad de los adultos afectados por el virus. Su promedio de edad es de 35 años. Por lo que respecta a España, el cambio en las conductas de riesgo (sexo no seguro sustituye a droga inyectada) ha determinado que la mujer represente ya casi el 30% de las nuevas infecciones. En la mayoría de los casos estas mujeres quieren tener una buena apariencia física, ser madres y llevar una vida normal, aspectos que el médico debe tener en cuenta a la hora de establecer los tratamientos más adecuados.

Las diferencias específicas de género más notables, que no están siendo tenidas en cuenta a la hora del manejo del VIH son las siguientes:

  • Las mujeres seropositivas registran tasas de depresión más altas que los hombres.
  • Tienen mayor riesgo de desarrollar alteraciones del tejido adiposo (lipodistrofia) relacionadas con el tratamiento antirretroviral: aumento de las mamas, pérdida de grasa en piernas y nalgas.
  • A cambio, presentan menores índices de hepatitis C, riesgo cardiovascular e hiperlipidemias. El manejo del VIH en general y la elección del tratamiento en particular pasan por alto con frecuencia estas peculiaridades, en perjuicio de la paciente seropositiva, si bien los datos indican que los especialistas van afinando cada vez más sus criterios, dando preferencia a los fármacos que mejor pueden adaptarse a las características femeninas.
  • A veces los primeros signos de una enfermedad relacionada con el VIH en la mujer pueden ser ginecológicos, asociados con afecciones de la vulva, vagina y cuello uterino. Algunas enfermedades ginecológicas producen pocos síntomas y sólo llegan a descubrirse a través de un control ginecológico. Por ello, es importante iniciar un control ginecológico con un especialista con un especialista con experiencia en VIH o al menos, coordinado con tu especialista en VIH.
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